Revista Latina de Comunicación Social. ISSN 1138-5820
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Violence against journalists in Mexico and the digital conversation on Twitter/X: implications for highlighting the vulnerability of journalism
Antony Flores-Mérida[1]
Universidad Nacional Autónoma de México. México. nflores@colmex.mx
Diego-Noel Ramos-Rojas
Universidad de Guadalajara. México.diego.rrojas@academicos.udg.mx
Sarelly Martínez-Mendoza
Universidad Autónoma de Chiapas. México. sarelly.martinez@unach.mx
Cómo citar este artículo / Referencia normalizada:
Flores-Mérida, Antony; Ramos-Rojas, Diego-Noel y Martínez-Mendoza, Sarelly. (2026). Violencia contra periodistas en México y la conversación digital en Twitter/X: implicaciones para visibilizar la vulnerabilidad del ejercicio periodístico [Violence against journalists in Mexico and the digital conversation on Twitter/X: implications for highlighting the vulnerability of journalism]. Revista Latina de Comunicación Social, 84, 1-23. https://www.doi.org/10.4185/RLCS-2026-2524
Fecha de Recepción: 21/08/2025
Fecha de Aceptación: 04/12/2025
Fecha de Publicación: 03/02/2026
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Introducción: La violencia contra periodistas en México se ha convertido en un problema estructural que impacta tanto en la seguridad de los comunicadores como en el acceso a la información. En este contexto, las plataformas digitales, en particular Twitter/X, han servido como espacios donde la violencia se denuncia y discute. Sin embargo, no todos los casos reciben la misma atención en la conversación digital. Este estudio examina cómo la visibilidad de los periodistas asesinados varía en función de su perfil profesional y sus redes de contacto, evidenciando desigualdades en la relevancia otorgada a ciertos casos dentro del ecosistema digital. Metodología: Se realizó un análisis de más de 2.5 millones de publicaciones en Twitter/X entre 2012 y 2021. El estudio combina técnicas de análisis de redes, minería de datos y etnografía digital para identificar patrones discursivos, etiquetas más utilizadas y formas de activismo hashtag. Resultados: Los hallazgos muestran que la visibilidad de un caso está influida por factores como la trayectoria del periodista, su vínculo con medios nacionales, la solidaridad gremial y su centralidad en redes profesionales. Discusión: Se propone una tipología de perfiles de periodistas asesinados que se pueden agrupar en tres: a) Periodistas con visibilidad mediática por trayectoria profesional y por colaborar en medios nacionales; b) Periodistas locales, con trayectoria reconocida y fuertes lazos gremiales, y c) Periodistas liminales, con débiles vínculos gremiales. Conclusiones: Los resultados subrayan la necesidad de analizar críticamente cómo se construye la relevancia en la conversación digitalmente mediada sobre la violencia contra la prensa. Es fundamental desarrollar estrategias para dar visibilidad a los periodistas menos reconocidos y comprender los mecanismos que perpetúan su invisibilización.
Palabras clave: Violencia contra periodistas; Twitter/X; visibilidad; vulnerabilidad; conversación digital.
Introduction: Violence against journalists in Mexico has become a structural problem that affects both the safety of media professionals and public access to information. In this context, digital platforms, particularly Twitter/X, have served as spaces where violence is denounced and discussed. However, not all cases receive the same level of attention in digital conversations. This study examines how the visibility of murdered journalists varies depending on their professional profile and network connections, highlighting inequalities in the relevance assigned to certain cases within the digital ecosystem. Methodology: More than 2.5 million Twitter/X posts were analyzed between 2012 and 2021. The study combines network analysis techniques, data mining and digital ethnography to identify discursive patterns, most used tags and forms of hashtag activism. Results: The findings show that the visibility of a case is influenced by factors such as the career of journalists, their links with national media, professional solidarity and their centrality in professional networks. Discussion: A typology of profiles of murdered journalists is proposed, which can be grouped into three groups: a) Journalists with media visibility by career and by collaborating in national media; b) Local journalists, with a recognized track record and strong professional ties, and c) Liminal journalists with weak trade union ties. Conclusions: The results underline the need to critically analyze how relevance is constructed in the digitally mediated conversation about violence against the press. It is essential to develop strategies to give visibility to less recognized journalists and understand the mechanisms that perpetuate their invisibilization.
Keywords: Violence against journalists; Twitter/X; visibility; vulnerability; digital conversation.
A partir de este siglo, los homicidios en México se triplicaron: de 8 asesinatos anuales por cada 100 mil habitantes registrados entre 1992 y 2007, la cifra aumentó a 24 entre 2008 y 2011 (Bataillon, 2015). En ese contexto de violencia, las agresiones en contra de periodistas también se incrementaron: entre 1970 y 2000 fueron asesinados 78 informadores (Díaz Nosty, 2016), en tanto que de 2000 a 2024, la cifra se duplicó con un total de 168 periodistas asesinados (ARTICLE 19 México y Centroamérica, s.f.). Este aumento constante de agresiones ubicó a México, desde 2004 y de manera reiterada, como el país más peligroso para ejercer el periodismo en América Latina (Comité para la Protección de los Periodistas [CPJ], 2005), solo detrás de Colombia, que lideró la lista durante la última década del siglo pasado (Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, 2008).
De 2000 al 20 de junio de 2025, fecha del cierre de esta investigación, ARTICLE 19 México y Centroamérica (s.f.) documentó 172 asesinatos y 31 desapariciones de periodistas en el país. Estas violencias se producen en los márgenes: territorios donde el Estado no puede garantizar la aplicación de la ley y donde los cárteles combaten por su control (Ríos, 2012). En esos territorios, los periodistas ejercen su labor sin protección alguna, atrapados entre intereses políticos y delincuenciales. Además, enfrentan condiciones de precariedad laboral, multiempleo y presiones diversas (Márquez-Ramírez y Hugues, 2017), lo que compromete su independencia profesional. México y Cuba han sido señalados como los países con peores condiciones para los periodistas en Latinoamérica (Reporteros sin Fronteras, 2017).
Existe una correlación entre el número de periodistas asesinados por año y el contexto general de violencias en el país. En 2013 y 2014, años con las cifras más bajas de homicidios de periodistas (4 y 5, respectivamente), los homicidios por cada 100 mil habitantes también se ubicaron por debajo de 20; por el contrario, en 2016 y 2017, con 11 y 12 periodistas asesinados, se registró un aumento de la violencia general, con 25 homicidios por cada 100 mil habitantes (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2018).
El asesinato de periodistas es un problema transexenal que los gobiernos del PAN, del PRI y de Morena no han logrado resolver. Los periodistas no mueren en coberturas informativas o en enfrentamientos armados: son asesinados porque “toman postura respecto a los sucesos que afectan directamente a sus comunidades. Los matan cuando cuestionan al poder, y no solamente cuando evidencian, de manera desapegada y objetiva, un acto indebido” (Ibarra Chaoul, 2023, p. 32). Para esta autora, el asesinato de periodistas representa más que la censura informativa, “es una forma de castigo, dominación y aleccionamiento con el propósito de ahogar una creciente crítica social de ciudadanos interesados en participar en debates públicos y demandar rendición de cuentas” (Ibarra Chaoul, 2023, p. 205).
Veracruz, por ejemplo, es un caso paradigmático: ha tenido cinco gobernadores de diferentes partidos políticos, “sin que la impunidad se frene, ni la justicia se imponga y sobre todo la sangre repleta de tinta, imágenes y sonidos honestos se detenga”, expresaron periodistas de ese estado en una carta abierta, publicada a inicios de agosto de 2019 (Crónica de Veracruz, 6 de agosto de 2019). Del Palacio y Olvera (2018) señalan los principales factores que contribuyen a la violencia contra los periodistas, especialmente en el estado de Veracruz, son la importancia del poder territorial y el empoderamiento de la delincuencia organizada, la intensificación y generalización de la violencia, la permanente desprotección de los periodistas, el desinterés de los empresarios de medios con respecto al tema, entre otros. Del Palacio (2023) desarrolló la noción de “periodistas de frontera” para definir a aquellos que operan en los márgenes físicos, políticos, económicos, culturales y tecnológicos de un territorio, siendo los más afectados por la violencia debido a su exposición a múltiples desigualdades y riesgos específicos del ámbito local y fronterizo.
La violencia contra periodistas en México se ha convertido en un fenómeno sistémico y multidimensional que afecta no sólo a las personas que ejercen el periodismo, sino también al ecosistema informativo y al tejido democrático del país. Lejos de ser eventos aislados, los ataques contra comunicadores se enmarcan en una lógica de censura impuesta por actores estatales como por grupos de crimen organizado, que buscan controlar la narrativa pública (Jiménez Badillo y Solano Ramírez, 2024). Esta violencia se expresa en asesinatos, desapariciones forzadas, amenazas, desplazamientos y formas de agresión digital, pero también en formas de precarización laboral (Rodelo et al., 2024; Reyna, 2021).
Gonzalez (2021) analiza cómo la violencia sistemática contra periodistas en México ha afectado no solo a los comunicadores, sino también a las redacciones y a la sociedad en general, concluyendo que esta crisis exige una respuesta nacional e internacional, para restaurar las condiciones mínimas para el ejercicio periodístico. González y González-Galván (2024) vinculan directamente el deterioro de la libertad de prensa con el estancamiento democrático en el país. A partir de un análisis estructural, los autores argumentan que el régimen político mexicano, aunque formalmente democrático, tiene altos niveles de violencia, impunidad y corrupción que imposibilitan el ejercicio pleno de derechos fundamentales, entre ellos la libertad de expresión.
Ante el panorama de agresiones a la prensa, la respuesta institucional ha sido deficiente, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra la Libertad de Expresión (FEADLE) presenta una tasa de efectividad inferior al 15% y el Mecanismo de Protección Federal enfrenta severas limitaciones operativas y de confianza entre los propios periodistas (De León Vázquez et al., 2018). Esta situación ha derivado en un entorno de impunidad estructural que agrava la vulnerabilidad de la prensa y favorece la autocensura. Como respuesta, han emergido formas subpolíticas de organización y agencia, como las redes de periodistas independientes y colectivos de resistencia (Ramos Rojas, 2022, 2024) que no sólo denuncian, sino que buscan incidir en la política pública y en la construcción de memoria frente al olvido institucional (De León Vázquez et al., 2018).
Al mismo tiempo, la transformación digital del periodismo ha generado nuevas formas de exposición y riesgo. Por un lado, las redes sociales permiten visibilizar agresiones y generar redes de solidaridad; por otro, incrementan el potencial de acoso y violencia digital, especialmente hacia mujeres periodistas (Márquez-Ramírez y Hughes, 2017).
La literatura académica sobre violencia contra la prensa en México ha ido creciendo. Sin embargo, no hay muchos estudios que aborden el tema de la violencia contra la prensa en las conversaciones digitales, por lo tanto, es necesario aproximarse a este fenómeno en particular para dimensionar la discusión generada en Twitter/X. Las preguntas que guían esta investigación son: ¿Por qué unos casos de periodistas asesinados generan más relevancia en publicaciones y republicaciones en la red social Twitter/X, mientras otros pasan inadvertidos? A esta pregunta principal, se le han agregado dos secundarias: ¿Cómo ha sido la discusión en esta red de 2012 a 2021 sobre los periodistas asesinados? y ¿Qué elementos inciden en que unos casos cobren mayor relevancia en la conversación en X?
Ante la violencia padecida, los periodistas empezaron a usar las redes sociodigitales no solo para difundir noticias, entrevistas, reportajes, sino también para expresar sus preocupaciones respecto a las condiciones laborales, riesgos y satisfacciones profesionales. Twitter/X se ha consolidado, entre la variedad de plataformas sociales, como una aliada fundamental para los comunicadores, al facilitar el posicionamiento de temas que buscan ejercer presión pública. En 2015, tras el multihomicidio en México del “caso Narvarte”, periodistas y activistas utilizaron plataformas sociodigitales para informar antes que los medios tradicionales, exigir justicia y difundir narrativas alternativas que cuestionaban las versiones oficiales (Melgar y Borzacchiello, 2019). Las redes funcionaron como espacios de memoria, acción y denuncia colectiva.
Por su parte, Signa_Lab (2022) analizó más de una década de ataques a periodistas en México con base en datos de ARTICLE 19 México y Centroamérica, señalando que los principales agresores son actores gubernamentales y que las formas más comunes de violencia son la intimidación y el hostigamiento. Las periodistas que cubren corrupción, derechos humanos y seguridad son especialmente vulnerables. El informe también mostró el aumento en la violencia digital, particularmente contra mujeres periodistas, y documentó que amenazas como la sufrida por la conductora de televisión Azucena Uresti generaron picos de conversación y articulación de comunidades digitales.
Estos estudios evidencian que Twitter/X no solo amplifica la visibilidad de las agresiones, sino que permite articular presión pública, solidaridad y movilización en defensa de la libertad de expresión. Además, su uso contribuye a la documentación y archivo digital de casos, facilitando investigaciones desde el análisis de redes sociales. En este contexto, los hashtags o etiquetas se convierten en difusores y amplificadores de marchas de protesta, declaraciones o exigencias a funcionarios.
Las etiquetas, y las eventuales tendencias digitales buscan incidir en el mundo real; en este caso, impedir que los periodistas mexicanos continúen figurando en las listas de asesinados. En esas condiciones de inseguridad, los periodistas han tenido que conciliar su labor informativa con el activismo, en defensa de sus derechos y su vida. Del mundo digital —donde publican textos, toman partido y manifiestan sus desacuerdos—, han tenido que desplazarse a las calles o plazas para visibilizar sus condiciones de fragilidad, desprotección, y al mismo tiempo, para señalar la agenda pendiente del Estado. A esto se le ha llamado “activismo hashtag”, entendido como una forma de “generar apoyo público a través de las redes sociales para una causa” y “para generar cambios sociopolíticos” (Pratim Goswami, 2018). Sin embargo, los gobiernos, incluso los autoritarios, también han empleado esta red para limitar la conversación pública y enmarcar contenidos en detrimento de la democracia.
Conscientes de esas paradojas, los periodistas han utilizado estas plataformas para aprovechar el potencial de los hashtags para crear tendencias. Como herramientas de conversación, los hashtags establecen agendas y marcos discursivos “que se pueden utilizar para crear identidades colectivas compartidas” (Sinpeng, 2021), mediante la tematización de contenidos y la expresión de “voces que no han sido suficientemente representadas por el sistema tradicional de medios” (Bernard, 2019, p. 49). Jung y Moro (2014), así como D’heer y Verdegem (2014), analizaron publicaciones en la plataforma tras los debates en las elecciones presidenciales de Bélgica en 2012 y detectaron ese patrón. En México, el movimiento #YoSoy132 es un ejemplo de cómo los estudiantes han usado estas etiquetas como marcadores de identificación (García y Treré, 2014; Rovira Sancho, 2014). Aunque funcionalmente los hashtags son capaces de producir públicos, en contextos de movilización permiten también orientar el sentido de la conversación (Bonilla y Rosa, 2015).
Desde su surgimiento en 2006, Twitter (hoy X) fue rápidamente adoptado por periodistas como una herramienta para buscar fuentes, reportar, distribuir contenido y conectar con la audiencia, integrándose de forma natural en sus rutinas profesionales (López Meri, 2015). Entre las plataformas sociodigitales, Twitter/X destaca por su capacidad de generar conversaciones públicas que trascienden lo digital y por ser espacio clave en coyunturas de crisis, donde los medios tradicionales mantienen una presencia hegemónica (Masip et al., 2019). Las cuentas en esta red reflejan tanto la voz institucional como individual del periodista, y estudios revelan que las interacciones tienden a producir homofilia: periodistas se vinculan principalmente con colegas del mismo género, medio o área geográfica (Hanusch y Nölleke, 2019).
En América Latina, el uso de Twitter/X ha sido analizado en contextos de violencia contra periodistas. Según Cuellar y Chaher (2020), esta red se ha convertido en un espacio donde se reproducen agresiones, especialmente hacia mujeres periodistas, lo que ha derivado en autocensura y efectos emocionales negativos. Estos ataques, a menudo sistemáticos, provienen incluso de cuentas vinculadas a gobiernos. Beltrán y Ramírez (2023) hallaron que la violencia digital aumenta durante eventos sociales disruptivos y afecta más a ciertos perfiles, como mujeres o periodistas de medios vulnerables. Mitra et al. (2019) introducen el concepto de “amenazas específicas del medio” para explicar cómo las condiciones locales, como la propiedad de los medios o normas culturales, agravan los riesgos hacia periodistas. Esto también se refleja en América Latina, donde las amenazas online y offline coexisten en contextos de impunidad.
Los hashtags no solo establecen una postura frente a un evento, sino que se despliegan como formas de acción capaces de atraer la atención de otras personas usuarias (Wang, Liu y Gao, 2016), al transformarse en un “grito colectivo amplificado” (Bernard, 2019, p. 53). Una forma matizada de entender el uso de los hashtags como recurso de la acción colectiva es verlos al modo que proponen Blevins et al. (2019), quienes los consideran marcadores con al menos dos funciones —de las muchas posibles—: por un lado, permiten a las personas usuarias comprender el suceso al que se refieren (marcadores conceptuales) y, por otro, permiten tomar una posición ante el mismo (marcadores ideológicos)[2].
Así, las etiquetas visibilizan y posicionan temas en la discusión pública por su facilidad para compartir información y promueven ciertas formas de acción digitalmente mediada (López-Robles, 2022). Pueden funcionar simultáneamente como enmarcadores de tópicos colectivos y como formas de agencia. Además, la republicación (o retuit) es, dentro de ese enjambre de textos, una expresión de solidaridad con las causas expuestas, al propiciar la creación de “públicos afectivos” (Papacharissi y Oliveira, 2012; Papacharissi, 2015) que emergen a partir de afinidades lingüísticas, emocionales y de significados compartidos (López-Robles, 2022).
Otra de las particularidades de los hashtags es que producen comunidades de conversación en línea que pueden moldear la discusión y motivar la movilización; en contraparte, esto puede generar cierto grado de homofilia entre las personas usuarias (Xu y Zhou, 2020). En el caso de la violencia hacia periodistas, esto puede ser interpretado como un efecto de afinidad profesional: la tendencia natural a solidarizarse con colegas o compañeros ante los agravios y ataques que amenazan su seguridad (López-Robles, 2022). Aunque existen escenarios de contrapúblicos, en un tema tan sensible como el asesinato de periodistas, los antagonistas rara vez aparecen y, cuando lo hacen, suelen ser cuestionados o responsabilizados, si se trata de funcionarios, por no ejercer cabalmente su encomienda.
En resumen, las etiquetas agrupan temas, ordenan la conversación y facilitan la creación de comunidades, en las que usuarios relevantes amplifican los mensajes mediante publicaciones originales o retuits. En 2012, cuando la Sociedad Americana de Dialectos eligió el término hashtag como la palabra del año, fue asesinada la periodista Regina Martínez, quien trabajaba como corresponsal de la revista Proceso en Veracruz. Aquel suceso marcó un parteaguas de la violencia contra periodistas en México, al detonar marchas de protesta y foros de discusión sobre la seguridad de los informadores. Desde entonces, el hashtag #ReginaMartínezPérez ha acompañado las acciones de los periodistas que exigen seguridad y justicia para sus colegas asesinados.
El propósito de este artículo no es analizar las violencias contra periodistas, sino describir y cuantificar la conversación sobre este tema en X. Con ese fin, el trabajo se estructura de la siguiente manera: en el primer apartado se analiza la violencia de periodistas en México y la importancia del hashtag para posicionar este tema y generar acción conectiva; en el segundo, se detalla el enfoque metodológico; el tercero presenta los resultados del análisis de 2.500.777 publicaciones, complementado con una etnografía digital. Finalmente, se propone una tipología de periodistas que ejercen su labor en contextos de violencia.
Objetivo general:
Analizar los factores que explican la visibilidad diferenciada de los asesinatos de periodistas en la red social Twitter/X entre 2012 y 2021.
Objetivos específicos:
Siguiendo la discusión de Del Palacio (2023), una respuesta tentativa es que, aunque todos los periodistas que han sido víctimas se encontraban en situación de vulnerabilidad, las condiciones estructurales afectan de manera diferenciada a quienes caen en la categoría de periodistas de frontera (ya sea por su marginalidad territorial, profesional o política), lo que convierte sus casos en más volátiles en la discusión digitalmente mediada. En contraste, aquellos periodistas con mayor centralidad, es decir, que no eran periodistas de frontera, tienden a adquirir mayor densidad en la conversación digital de Twitter/X.
Este supuesto busca distinguir, a partir de cómo se discute en el espacio sociodigital, las diferencias entre los periodistas, pero, bajo ningún punto de vista, pretende producir una valoración, normativa o de cualquier otro tipo, que gradúe la importancia de los casos de asesinatos de periodistas. Por el contrario, nuestra postura es que todos los casos merecen el mismo tratamiento y relevancia y que todo análisis debe contribuir a comprender el fenómeno estructural, para identificar sus causas y, en consecuencia, aportar a la construcción de propuestas viables para su solución.
Para realizar este análisis, se ha seleccionado un periodo de observación que va de 2012 a 2021, para lo cual se recuperaron, en primer lugar, los casos de periodistas asesinados y, en segunda instancia, datos provenientes de Twitter/X. Este segundo corpus de información consta de 2.500.277 publicaciones en español en las que se utilizaron términos relacionados con el asesinato de periodistas. Adicionalmente, se realizó una aproximación etnográfica mediante la navegación en la propia plataforma para identificar nombres y etiquetas relacionadas con casos específicos.
Las publicaciones fueron recuperadas a partir de una cadena de búsqueda a los términos '(periodista asesinado) OR (periodista asesinada) OR (asesinan periodista) OR (asesinato periodista) OR (asesinatos periodistas)'. Del corpus total[3], 582.113 son publicaciones originales, mientras que el resto son republicaciones (a partir de ahora, retuits) que abarcan el periodo del 1 de enero de 2012 al 31 de diciembre de 2021. El objetivo de este rango temporal fue captar el sexenio 2012-2018 del presidente Enrique Peña Nieto y, al menos, los tres primeros años del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2021). Asimismo, se decidió descartar el periodo anterior a 2012 dado que, si bien, la actividad en Twitter ya estaba presente e incluso tenía cierta influencia, el número de usuarios era aún limitado. Algunos datos sugieren que de 2011 a 2012 se duplicó la cifra de cuentas de Twitter en México que superaron los 10 millones de personas usuarias.
La captura del corpus se realizó mediante el acceso académico a la API v2 de Twitter (hoy obsoleta) usando la librería ‘academictwitteR’ (Barrie y Ho, 2021) en el lenguaje de programación ‘R’ (R Core Team 2022) y el entorno de trabajo R Studio para macOS (Posit Team, 2023). Para el post-procesamiento de los datos (cálculos y generación de nueva base de datos) se utilizaron los paquetes ‘readr’ (Wickham, Hester y Bryan, 2023), ‘dplyr’ (Wickham, François et al., 2023)[4] y ‘tidyr’ (Wickham, Vaughan y Girlich 2023).
Una vez obtenido el corpus global de publicaciones, se dividió en periodos de un año a fin de analizar cómo se configuraban los patrones de producción de mensajes. Adicionalmente, se llevó a cabo un segundo tratamiento consistente en relacionar cada nombre de usuario emisor de un tuit original con los hashtags presentes en sus mensajes publicados, lo que produjo una matriz de adyacencia que se visualizó en el software Gephi (Bastian et al., 2009). Esta visualización permitió identificar las etiquetas con mayor grado de centralidad, es decir, las más utilizadas en el corpus total, las cuales posteriormente fueron exploradas para identificar aquellas que referían a los casos de periodistas asesinados en México. En los apartados siguientes se presenta el análisis del corpus de datos aquí señalado y su discusión, seguida del análisis etnográfico digital y los hallazgos obtenidos.
En lo que respecta al análisis etnográfico digital, se examinaron los hashtags vinculados con periodistas asesinados de 2012 a 2021, así como la discusión generada en Twitter/X. También se registró el contexto del asesinato, la sección y el medio en el que trabajaban los periodistas. Este análisis permitió evaluar la visibilidad mediática de los casos, considerando su trayectoria profesional, sus vínculos gremiales y los reconocimientos otorgados por sus colegas, elementos que resultan determinantes para posicionar y exigir el esclarecimiento de un asesinato.
Por esta razón, se llevaron a cabo exploraciones iterativas en la plataforma Twitter/X, mediante la búsqueda de los nombres de las y los periodistas asesinados formulados como hashtags. Esta estrategia permitió identificar cómo ciertos nombres y casos se han vuelto relevantes en la conversación, facilitando la construcción colectiva de encuadres y tomas de posición en torno al fenómeno.
Para caracterizar la conversación y describir cómo se dio la discusión en torno a la violencia fatal contra periodistas, hemos realizado una serie de procesos a los datos que permiten, en primer lugar, identificar los patrones de producción de mensajes y, en un segundo momento, explorar la forma en que los hashtags se produjeron para construir el sentido de las interacciones en torno al fenómeno.
Al dividir el corpus en periodos anuales ha sido posible observar el patrón de producción de mensajes en los que se aborda el asesinato de periodistas. La Tabla 1 muestra el número de cuentas de personas usuarias que publicaron mensajes en español con alguno de los términos de búsqueda señalados previamente. Lo que esta información deja ver es el constante crecimiento en el número de personas que se involucraron en la discusión. Mientras en 2012 el número de cuentas superó las 31 mil, para el año 2018 esta cifra era seis veces superior, con más de 187 mil cuentas. El “despegue” en la conversación se da entre 2016 y 2017, cuando se pasa de 83 mil a 151 mil cuentas participando del tema.
Esta misma Tabla 1 explora la proporción de mensajes originales como parte de la conversación. Como ya se anotó, la muestra total de datos está conformada por 2.5 millones de publicaciones, sin embargo, una quinta parte de estas son originales, mientras el resto son retuits. En este sentido, la conversación en Twitter/X en torno al asesinato de periodistas muestra que, conforme pasa el tiempo, se reduce la base de personas usuarias produciendo mensajes, aunque se amplía la base de personas usuarias que apoyan esa conversación mediante la amplificación que aporta el retuit: mientras en 2012 el 40% de las personas que participaban en el tema producían mensajes originales, esta proporción se redujo al 8,6% en 2021. De hecho, la última columna de la Tabla 1 evidencia que, conforme se avanza en el periodo, la proporción de retuits va en aumento paulatino y pasa del 42% del total de publicaciones en 2012 hasta llegar al 88% para el último año del lapso observado. Con esto se constata la propensión de participar en el tema mediante una práctica que requiere la inversión de poco tiempo y recursos como lo es la republicación. En cuanto a producción bruta de mensajes, el año con mayor cantidad de publicaciones ha sido 2018, cuando se emitieron 489 mil tuits que usaron alguno de los términos señalados. De nuevo, lo que los datos permiten observar es que la conversación fue en crecimiento desde el inicio del periodo, pero dio un salto significativo de 2016 (con menos de 200 mil mensajes) a 2017 (cuando se emitieron más de 429 mil). Sin embargo, después de 2018 hay una contención en la producción de contenidos, aunque la cantidad de mensajes nunca es menor a la registrada antes de 2016.
Tabla 1. Proporción de usuarias que producen, amplifican o realizan ambas prácticas en torno a los mensajes del corpus
|
Año |
Cuentas Únicas |
Proporción de productores de mensajes originales |
Publicaciones Totales |
% Retuit |
|
2012 |
31.189 |
0,4079 |
64.542 |
42,43 |
|
2013 |
42.256 |
0,3835 |
69.973 |
48,93 |
|
2014 |
68.124 |
0,3057 |
131.429 |
53,04 |
|
2015 |
82.075 |
0,2765 |
184.589 |
56,78 |
|
2016 |
83.913 |
0,2138 |
195.734 |
66,12 |
|
2017 |
151.349 |
0,1213 |
429.597 |
78,75 |
|
2018 |
187.529 |
0,1094 |
489.582 |
82,70 |
|
2019 |
167.839 |
0,0987 |
364.177 |
85,56 |
|
2020 |
140.233 |
0,1007 |
258.692 |
86,31 |
|
2021 |
164.956 |
0,0868 |
311.962 |
88,01 |
Fuente: Elaboración propia con datos de la API v2 de Twitter/X.
Una vez explorada la dimensión de la producción de mensajes, se ha realizado el procesamiento de datos para obtener las relaciones de cada cuenta con los hashtags que usó en sus mensajes. El resultado es una matriz de adyacencia que permite explorar visualmente estas interacciones. Debido a que no todos los mensajes cuentan con hashtags, el resultado es un conjunto de 66.984 nodos y 127.126 aristas, donde cada nodo tiene en promedio 1,89 interacciones (es decir, grado medio del nodo). Es pertinente señalar que, debido a la forma de captar la información (las palabras elegidas en la cadena de búsqueda), la extracción obtiene toda la conversación presente en español sobre asesinatos de periodistas. En la misma se encontraron 28.651 hashtags distintos. Para poder analizar los más relevantes, se identificaron los hashtags más representativos y conectados con el conjunto de nodos interactuantes mediante un filtrado topológico con la operación k-core (k=7) que dio como resultado un subconjunto que contiene 3.149 nodos y 34.152 aristas —que se corresponden con el 4,7% de los nodos y 26,86% de las aristas originales—. En este subconjunto de datos, obtuvimos 2.831 etiquetas distintas, de las cuales se eligieron aquellas con mayor grado de centralidad (es decir, que recibieron mayor número de interacciones o publicaciones dentro del corpus).
La representación gráfica de estas relaciones puede apreciarse en la Figura 1 y busca ilustrar la forma en que se tejió la conversación. En este sentido, cumple dos propósitos: mostrar los núcleos de conversación e ilustrar las etiquetas que adquirieron más relevancia en el periodo observado. En conjunto, se identifican tres grandes comunidades y una subcomunidad adyacente. En primer lugar, la comunidad verde (zona inferior), donde #méxico es el hashtag con mayor centralidad, pero también aparecen países como Guatemala, Honduras, Venezuela, Nicaragua y Guatemala enlazadas a temas sobre #libertaddeexpresion. Esta comunidad de interacciones parece explorar el aspecto internacional del tema. La comunidad naranja (esparcida por la zona central) tiene las palabras #periodista/s y #asesinato/s como más centrales, junto a otras como #justicia y algunas que designan a organizaciones internacionales de derechos humanos; en esta comunidad parecen movilizarse reclamos generales sobre el tema. Finalmente, se encuentra una comunidad violeta (zona superior izquierda) donde destacan nombres de estados de México (#oaxaca, #veracruz, #guerrero, #chiapas) pero también aparecen algunos nombres de periodistas asesinados como #moisessanchez, #reginamartinez, #rubenespinosa y #gregoriojimenez. Adyacente a esta comunidad hay una de color rojo donde los hashtags #miroslavabreach y #javiervaldez ocupan la mayor centralidad.
Figura 1. Comunidades de interacción en la red cuenta–hashtag (k-core=7)

Fuente: Elaboración propia con datos de la API v2 de Twitter/X
Una vez identificadas las 1.000 etiquetas con mayor centralidad, se procedió a una codificación manual para establecer los usos de las mismas en los mensajes sobre periodistas asesinados: los hashtags se utilizan para designar un lugar donde ha ocurrido el crimen de un periodista, destacando primero la entidad federativa y en segundo lugar, la ciudad; también para designar a una persona, casi siempre un actor político, institución (dependencias de gobierno, procuración de justicia y partidos políticos) y organizaciones, este uso se relaciona con otro, el del reclamo, en el que el hashtag aparece como una consigna que en este caso denuncia la violencia hacia periodistas y en ocasiones se dirige hacia actores políticos identificados.
El uso que nos interesaba identificar es una variante de persona, que en este caso es cuando aparece el nombre de un o una periodista que ha sido víctima. Al explorar los datos, hemos hallado que, además de los periodistas nacionales, también aparecen casos de otros países, por lo que hemos decidido distinguirlos. Finalmente, el hashtag también puede designar a un medio, en este caso, como fuente de información sobre un caso, un tema relacionado según las personas usuarias, y otros usos que hemos codificado como no relacionados, que son hashtags usados como saludos y no aportan información.
La Tabla 2 muestra la forma en que se distribuyeron los datos. Las etiquetas más numerosas refieren a lugares (28,6% del total de este subconjunto), señalando países, estados y ciudades donde se mencionan casos de violencia letal contra periodistas; le siguen en frecuencia los hashtags de tema (25,7%) que, al modo de los marcadores conceptuales según Blevins et al. (2019), son la forma en que los públicos digitalmente conectados interpretan el tema (#asesinato, #violencia, #inseguridad son algunos ejemplos, aunque ciertos temas refieren a otros aspectos). En importancia siguen las etiquetas de reclamo (15,4%) que funcionan como marcadores ideológicos, es decir, tomas de posición ante los hechos; algunas de las etiquetas en este grupo son #niunomas, #nosestanmatando, #prensanodisparen, #bastaya, entre otros.
Le continúan las etiquetas de persona (7,55%) que, como ya se dijo, suelen referir a un objetivo del reclamo, y las de medio (6,36%) que casi siempre refieren a los canales que reportan los casos. Los nombres de periodista, en el caso de los nacionales, ocuparon el 5,47% de las etiquetas y los internacionales el 5,47%. Es de señalarse que esta Tabla 2 ofrece un aspecto descriptivo, saber qué usos tienen las etiquetas y qué parte de la importancia de estas se da en la frecuencia de su uso.
Tabla 2. Hashtags más usados en la conversación sobre periodistas asesinados y el tipo al que pertenece
|
Tipo de Hashtag |
Frecuencia |
Porcentaje del Total |
|
Lugar |
288 |
28,6 |
|
Medio |
64 |
6,36 |
|
Periodista |
55 |
5,47 |
|
Periodista Internacional |
25 |
2,49 |
|
Persona |
76 |
7,55 |
|
Reclamo |
155 |
15,4 |
|
Tema |
259 |
25,7 |
|
No Relacionados |
84 |
8,35 |
|
Total |
1.006 |
99,93 |
Fuente: Elaboración propia con datos de la API v2 de Twitter/X
Algo a destacar es que, en los datos del análisis de redes que permitió identificar estas etiquetas, la etiqueta de lugar: #mexico, es la más importante en la muestra global de datos, lo que da cuenta de que, pese a la imbricación con el fenómeno a nivel internacional, el país es el centro de la atención en el caso de asesinatos contra periodistas. Las etiquetas de tema: #periodista y #asesinato, se encuentran con mayor frecuencia de uso después del nombre del país (lugar). Y, en lo que se refiere a nombres de periodistas asesinados en México, los de #JavierValdez y #MiroslavaBreach son los nombres con mayor centralidad.
El análisis de grandes datos provenientes de las plataformas no sustituye las aproximaciones cualitativas y etnográficas a los espacios de mediación digital. Analizar las interacciones entre lo que ocurre dentro y fuera de línea permite construir enfoques multisituados que abonan a la comprensión de las complejidades que se dan entre las prácticas de comunicación digitalmente mediadas y los fenómenos a los que se adscriben (Rodríguez Cano, 2022; Sued, 2022), en este caso, la violencia contra periodistas. Las aproximaciones a las plataformas desde un enfoque etnográfico dan cuenta de la necesidad de ver a estas tecnologías como entornos que entrelazan, por una parte, la realidad “física” y, por otro, los distintos contextos y territorios digitales (Hine, 2004). En el caso que nos ocupa, la inmersión en la plataforma no solo es complementaria para la investigación, sino fundamental para producir una explicación situada y contextualizada del fenómeno que buscamos explorar. En el caso de los hashtags y siguiendo en esto a Postill y Pink (2012), así como a Pink y Horst (2019), la etnografía en medios sociales implica identificar la relación entre lo social digital y lo analógico, por usar los términos, pero también comprender la experiencia colectiva que se genera en la práctica discursiva de participar de una coyuntura específica.
Como resultado de esta fase de observación, se han caracterizado los casos de periodistas asesinados que se pueden agrupar en tres tipos: a) Periodistas con visibilidad mediática por trayectoria profesional y por colaborar en medios nacionales; b) Periodistas locales, con trayectoria reconocida y fuertes lazos gremiales, y c) Periodistas liminales, con débiles vínculos gremiales.
En esta primera clasificación aparecen 2 periodistas de manera sobresaliente en el periodo analizado: Miroslava Breach y Javier Valdez, como se muestra en la Figura 1. Regina Martínez y Rubén Espinosa, aun cuando no figuran en ese análisis, pueden ubicarse en esa categoría, por contar con visibilidad por colaborar en medios nacionales, prestigio profesional y redes de colaboración que trascendían su lugar de trabajo. Hasta la fecha, hashtags como #ReginaMartinez y #RubenEspinosa siguen siendo empleados en denuncias sobre agresiones contra periodistas, al igual que los generados con los asesinatos de Breach y Valdez, los cuales avivaron la conversación digitalmente mediada, con etiquetas como #MiroslavaBreach #CallarEsComplicidad, #SOSPrensa #MalaYerba, #MalaYerbaNuncaMuere, #JusticiaJavierValdez, #AquiNadieTeOlvida, #NiBorronNiCuentaNueva y, por supuesto, #JavierValdez.
Otro factor que ha intensificado la conversación en torno a estos casos ha sido la solidaridad gremial, sustentada en los vínculos creados por el periodista agredido y la afinidad profesional generada por los llamados “públicos afectivos”. Aquí caben la mayoría de los asesinatos de informadores quienes, si bien colaboraban en medios locales, lograron establecer conexiones significativas con otros colegas.
En esta segunda categoría figura el asesinato de Gregorio Jiménez de la Cruz (11 de febrero de 2014). A partir de este caso, además de los hashtags con los nombres propios, comenzaron a utilizarse etiquetas con los nombres de los estados y ciudades donde ocurrieron los crímenes. Los más relevantes, detectados también en la Figura 1, fueron Veracruz, Sinaloa, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Guerrero, Sonora, Tamaulipas y Chiapas, pero hay que hacer notar que 22 estados y 57 poblaciones fueron escenario de los 79 periodistas asesinados en este periodo. Otro recurso, aparte de la etiqueta, fue la mención directa de las autoridades mediante arrobas, como: @FGEQuintanaRoo, @VelascoM, @HectorAstudillo, @FGEGuerrero, entre otras. La muerte de Moisés Sánchez Cerezo, enmarcada en los hashtags #MoisesSanchezCerezo y #MedellíndeBravo, generó la movilización de informadores de Veracruz. En este apartado de solidaridad profesional se ubica el asesinato de Francisco Pacheco, ocurrido en Taxco, Guerrero, el 25 de abril de 2016. Etiquetas como #FranciscoPachecoBeltrán, #Justicia, #NiUnoMás y #JusticiaParaPacheco motivaron protestas en Ciudad de México y Chilpancingo.
La muerte violenta de Salvador Olmos fue visibilizada a través del hashtag #SalvadorOlmosGarcía, el cual provocó reacciones, retuits y posicionamiento de organizaciones sociales y periodísticas. Entre los tuits más compartidos están: “Prohibido olvidar. Aquella madrugada también venían por mí” (Sé Másatl, 2020), y “Las #Rabias germinan #SalvadorOlmosGarcia, esos vientos que surcaste no dejan de soplar y pronto incendiarán las praderas” (Lekoko, 2017). El asesinato de Cecilio Pineda Birto (7 de marzo de 2017) fue ampliamente comentado en Twitter/X, no solo por afinidad profesional, sino porque Edward Snowden había de informar que este periodista aparecía en la lista de teléfonos infectados por Pegasus (Snowden, 2021). Pineda era director del periódico Tierra Caliente Debate y corresponsal de nota roja de El Universal. También las muertes de Ricardo Monlui y de Luciano Rivera provocaron movilizaciones en Veracruz y Baja California, respectivamente. ARTICLE 19 México y Centroamérica, Derecho a Informar, FotorreporterosMx, Ni Uno Más de Michoacán, Ojos de Perro vs. la Impunidad, Red de Periodistas de a Pie, Red de Periodistas del Noreste, Red de Periodistas de Sonora, Red Libre Periodismo de Chihuahua, Unión de Periodistas de la Ciudad de México y Voces Irritas A.C. de Coahuila y Durango alentaron la protesta.
La muerte de Cándido Ríos Vázquez también provocó marchas de protestas y cartas públicas de periodistas. Se sumaron Pen Internacional, la Embajada de Estados Unidos en México y Emilio Álvarez Icaza, exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Pablo, 2017). Lo mismo ocurrió con el asesinato de Carlos Domínguez, que motivó exigencias de justicia por parte de agrupaciones como Periodistas de a Pie y Periodistas Desplazados México (Periodistas Desplazados México, 2018).
Los hashtags más comunes en este repertorio de acción digital son: #NoSeMataLaVerdadAsesinandoPeriodistas, #NiUnPeriodistaMás, #SOSPrensa, #LibertadDeExpresión, #DíaMundialDeLaLibertadDePrensa, #NoAlSilencio, #NosEstánMatando, #NiUnoMás, #PeriodismoEnRiesgo y #YoDefiendoelPeriodismo.
Una tercera categoría, la más reducida, agrupa a periodistas asesinados que pasaron prácticamente inadvertidos en la conversación digital. Eran periodistas hiperlocales, liminales, con escasa visibilidad y pocos vínculos profesionales. Como ejemplo: Chava (2016): “#ElidioRamosZarate nadie, ningún medio lo menciona. ¿Su vida y su trabajo no importan?”, a lo que se sumó Pascal Beltrán del Río (Pascal, 2016): “Silencio en redes en torno del asesinato del periodista Elidio Ramos Zárate”.
Desde 2018 comenzaron a circular tuits de contrapúblicos, que criticaban a quienes exigían justicia y defendían al gobierno. Sin embargo, en general, este tipo de mensajes no generaron adhesión significativa, probablemente por la brutalidad misma de los hechos. Un ejemplo fue el caso de Israel Vázquez Rangel: tras su asesinato, la alcaldesa de Salamanca culpó al periodista “por cubrir la nota roja en un horario no apto y en un sitio inseguro” (Fabián, 2023).
En resumen, los asesinatos que generaron mayor repercusión en las redes fueron los de periodistas con presencia nacional, como colaboradores o corresponsales; en cambio, quienes trabajaban en medios locales, administraban sus propios portales, sus asesinatos tuvieron menos impacto en la discusión pública.
Durante el periodo que abarca esta investigación (2012-2021), ARTICLE 19 México y Centroamérica (2025) documentó 79 asesinatos de periodistas en 22 estados del país. Veracruz registró 22 homicidios, seguido por Oaxaca (10), Guerrero (7), Sonora (5), y Sinaloa, Chihuahua, Coahuila, Tabasco y Quintana Roo, con 3 cada uno; en Tamaulipas, Zacatecas, Guanajuato, Chiapas, Baja California Sur y Morelos se registraron dos casos por entidad. Finalmente, en Baja California, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí, Nayarit y Estado de México se reportó un asesinato en cada estado.
De los 79 periodistas asesinados, según se desprende del análisis que realizamos, 35 (44,3%) cubrían la fuente policiaca o estaban vinculados a la sección de seguridad; 19 eran propietarios de sus propios medios (generalmente portales informativos); 12, locutores; 8, corresponsales; 6, fotoperiodistas y uno era columnista. En su mayoría eran periodistas locales, cuyos contenidos informativos estaban relacionados con sus espacios municipales o regionales. 72 (88%) eran hombres. Esto podría indicar, no solo que hay un mayor número de periodistas masculinos, sino que, en palabras de Ibarra Chaoul (2023), “en una sociedad machista como la mexicana, a los hombres se les toma más en serio como voces relevantes y potenciales líderes sociales, pero también se les toma más en serio como amenazas al discurso dominante de los poderosos” (p. 8). Los asesinatos de Regina Martínez, Miroslava Breach, Anabel Flores, Pamela Montenegro, Norma Sarabia y María Elena Ferral evidencian que las mujeres periodistas también son convertidas en objetivos de sus ataques.
Si bien estos periodistas abordaban temas informativos muy locales, solo 5 (7,5%) fueron asesinados en municipios con menos de 10 mil habitantes; el 50% ejercía su profesión en poblaciones de más de 100 mil habitantes. De las 66 poblaciones que registraron asesinatos de periodistas, 8 (12%) son capitales: Ciudad de México, Chihuahua, Culiacán, Xalapa, Tepic, Villahermosa, Oaxaca y La Paz.
El perfil de las víctimas corresponde a personas de entre 30 y 40 años que colaboraban para medios locales. Como indica Guerra (2019), “son pocos los que se desempeñan en filiales de medios de comunicación nacionales. Las empresas locales tienen una importancia política enorme en los niveles regional y municipal” (p. 231). Los periodistas asesinados ejercían su labor en territorios en disputa entre los poderes criminales y políticos locales. Chiapas, por ejemplo, no registraba asesinato de periodistas desde 1993, hasta que comenzó a figurar como escenario de disputa de los cárteles; en 2018 fue asesinado Mario Gómez, y en 2021, Fredy López Arévalo. En contraste, Yucatán no registró asesinato de periodistas durante estos años. Desde 2008, la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (2008) identificó que los asesinatos ocurrían “en zonas con fuerte presencia de los cárteles del narcotráfico y de otras formas de crimen organizado” (p. 48).
Lo anterior da cuenta de al menos dos dimensiones que parecen tener cierto peso en la visibilidad que determinados casos tienen en la conversación pública, en general, y la digital, en particular. Por un lado, el grado de centralidad del periodista víctima de agresión y, por el otro y asociado al anterior, su vulnerabilidad. De la forma en que ambas dimensiones interactúan, se produce una distinción entre los periodistas de frontera y los que no lo son. De la combinación de estos ejes y a la luz de los hallazgos de este estudio emerge la siguiente tipología:
Esta tipología permite entender las dinámicas de visibilización contra periodistas en entornos digitales y evidencia las desigualdades estructurales, donde la capacidad de generar presión pública y solidaridad ante una agresión depende, en buena medida, del capital simbólicy las y relaciones establecidas por la víctima.
Los datos que ha explorado esta investigación permiten dar cuenta de al menos tres aspectos centrales en el caso de los asesinatos de periodistas y la discusión que estos han generado en la plataforma Twitter/X. Por una parte, el tema se ha conformado en una discusión permanente y que ha tenido un crecimiento constante que, sin embargo, parece haber encontrado cierta estabilidad a partir del año 2018; en segundo lugar, la discusión en torno a los casos parece haber activado redes de acción digitalmente mediada que, en general, al mismo tiempo reportan los eventos trágicos y producen posicionamientos, condenas y reclamos dirigidos a los actores en el poder político; finalmente, existen ciertos casos que han adquirido gran relevancia, convirtiéndose incluso en referentes cuando se discute sobre la violencia fatal contra periodistas (Javier Valdez, Miroslava Breach, Rubén Espinosa, entre otros).
Al tratar de dar cuenta de nuestra pregunta principal sobre por qué algunos casos cobran mayor relevancia que otros en la discusión digitalmente mediada, un aspecto fundamental es el hecho de que la violencia contra periodistas es un fenómeno de presencia permanente en el que los homicidios a comunicadores se han vuelto la regla en lugar de la excepción. Para dar cuenta de ello, dividimos la indagatoria en dos preguntas secundarias.
En cuanto a la pregunta sobre cómo se da la conversación digital sobre los asesinatos de periodistas, se observó que el fenómeno tiene un correlato digital intenso y en aumento. Cada año del periodo observado, la producción de mensajes aumentó hasta alcanzar su punto cúspide en 2018, después de lo cual se contuvo ligeramente, pero mantuvo un nivel de importancia indiscutible. Los mensajes no solo han crecido, sino que se ha dado una modificación en la producción de estos: los datos muestran que cada vez menos cuentas producen mensajes originales, pero más cuentas elevan su alcance mediante el retuit.
Una forma de interpretar esta regularidad es que la plataforma permite una rápida adhesión a la conversación mediante un recurso accesible como es la práctica de la republicación. Esto hace posible que el tema se eleve con rapidez a la esfera pública digital, llamando la atención de los públicos en red y manteniendo en la agenda política, tanto online como offline, el foco sobre el fenómeno.
Al explorar los mensajes, nos hemos decantado por los hashtags para tratar de responder a la segunda pregunta: qué casos han adquirido mayor relevancia en la conversación. Lo que el análisis de redes mostró en el apartado anterior es que, si bien los nombres de los periodistas que han sido asesinados se convierten en hashtags, al mismo tiempo, las personas usuarias producen mensajes que combinan dichos nombres con reclamos ―consignas que buscan llamar la atención sobre la necesidad de justicia y protección a periodistas― y que estos se dirigen a actores políticos a quienes se considera responsables, por acción u omisión, de los crímenes. Los hashtags sirven tanto para interpretar los hechos como para tomar posición ante los mismos, es decir, cumplen funciones conceptuales e ideológicas que construyen una trama densa y compleja de significados en torno a los casos. Una forma de interpretar estos resultados es que los casos de los periodistas, al convertirse en hashtags, se vuelven un centro de gravedad ―temporal en la mayoría de los casos y constante en los que se vuelven más relevantes― para que los públicos digitalmente conectados ―no solo personas usuarias, sino también organizaciones, redes profesionales y las redes personales de las víctimas― edifiquen colectivamente la acción digital y la reivindicación de los reclamos.
Un elemento que el análisis permite identificar es que ciertos nombres han adquirido mayor presencia a lo largo del tiempo, algunos otros han tenido presencia importante pero temporal, mientras que otros aparecen de forma escasa y marginal. Es sobre este aspecto en el que nuestra pregunta central busca resolverse. Para ello, la exploración etnográfica digital ofrece algunos elementos del análisis.
La exploración cualitativa a los mensajes en Twitter/X da cuenta de que cierto grado de centralidad de los periodistas asesinados está asociado a la relevancia que en la discusión pública tuvieron sus casos. Miroslava Breach, Javier Valdez, entre otros, ejercían un periodismo de frontera en el sentido de que su ubicación geográfica y profesional los colocaba en la categoría de Del Palacio (2023), pero sus nexos profesionales con medios nacionales y, en algunos casos, con organizaciones de periodistas o redes de activismo, les daba más centralidad que otros casos. La discusión digital parece también haber sido importante en torno a ciertas formas de periodismo de frontera que se caracterizaron por ser más locales o regionales, pero con nexos organizacionales y profesionales más o menos definidos. Mientras que los casos de periodistas asesinados que aparecieron de forma marginal en la conversación, en todos los casos representaban a trabajadores de la información dedicados a medios hiperlocales ―municipales, digitales independientes, emergentes― que además carecían de redes profesionales y organizacionales de apoyo que desplegaran el reclamo como en los casos anteriores.
Los datos muestran que los casos más relevantes corresponden con periodistas de frontera pero que adquirieron cierta centralidad gracias a sus relaciones con medios nacionales y organizaciones, en el nivel de discusión siguieron aquellos periodistas regionales que habían tenido, en su mayoría, lazos y alianzas en sus propias regiones y con organizaciones profesionales, y los casos menos presentes en la conversación pertenecían a estos periodistas liminales e hiperlocales cuya desconexión hacía imposible que los crímenes que sufrieron adquirieran densidad en la conversación.
A modo de cierre y a partir de lo discutido, se propone una caracterización que aspira a explicar por qué ciertos casos de crímenes contra periodistas alcanzan relevancia pública en las conversaciones y acciones colectivas digitalmente mediadas mientras otros no. A partir de ciertas características empíricas abstraídas de los casos aquí explorados, hemos formulado cuatro tipos que nos permiten identificar dos dimensiones de la vulnerabilidad de las y los periodistas. Estos tipos construidos son a partir de los datos, pero también de los elementos teóricos de los que partimos (McKinney, 1968) y tienen por objetivo dar una respuesta a nuestra pregunta central y, a su vez, servir como un modelo y recurso analítico para el fenómeno de fondo, la violencia contra periodistas.
Sobre la vulnerabilidad, partimos del hecho de que, aun cuando está presente en el oficio periodístico, está desigualmente distribuida. Mientras ciertos periodistas cuentan con mayor protección ―tanto en términos laborales como físicos― por encontrarse en zonas más seguras del país, en condiciones contractuales más aventajadas o por contar con redes profesionales y de defensa más cercanas o incluso por formar parte de ellas, otros periodistas carecen de una o más de estas características. Aunque las condiciones organizacionales y laborales importan, un/a periodista trabajando para un medio nacional en la capital del país está, sin duda, más protegido que uno trabajando para un portal digital independiente elaborado por cuenta propia. Así, la protección es una dimensión de la vulnerabilidad y expresa una diferencia de grado entre el amplio espectro de la actividad profesional de las y los periodistas.
Seguidamente, la centralidad de un o una periodista es distinta por razones similares: ejercer el oficio en las ciudades importantes del país permite un acceso a recursos tales como redes de apoyo, profesionales, así como organizaciones e instituciones garantes, que reduce (aunque sin desaparecer) la vulnerabilidad. Incluso, entre los periodistas de frontera, algunos tienen mayor centralidad que otros. Es decir, esta dimensión de la vulnerabilidad es siempre relativa, lo que significa que incluso en regiones de un mismo país, ciertos periodistas pueden ser más centrales y, en este sentido, ser relativamente menos vulnerables que otros dentro de su mismo contexto, aunque lo sigan siendo en un espectro más amplio.
Es necesario reiterar que, a pesar del nivel de “protección” y “centralidad” que estos tipos buscan expresar, la vulnerabilidad en el oficio periodístico en México afecta a todas las personas, si bien de forma heterogénea, y que esta tiene efectos transversales y variados pero que, en el caso de la violencia mortal, da cuenta de una implicación en el análisis; mientras periodistas con mayor grado de centralidad y protección se convierten en casos emblemáticos en la lucha y acción colectiva por la libertad de expresión, el periodismo liminal sigue siendo víctima casi invisibilizada de este tipo de violencias. A la par, es posible afirmar que los tres primeros tipos son los que más discusión y conversación pública generan, mientras que el último, no se posiciona, y su nombre constituye solamente un número en la cifra de periodistas asesinados en México.
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Contribuciones de los/as autores/as:
Conceptualización: Flores-Mérida, Antony. Revisión de literatura: Ramos-Rojas, Diego Noel y Martínez-Mendoza, Sarelly. Análisis de datos: Flores-Mérida, Antony; Ramos-Rojas, Diego Noel y Martínez Mendoza, Sarelly. Redacción, revisión y edición: Flores-Mérida, Antony; Ramos-Rojas, Diego Noel y Martínez Mendoza, Sarelly. Visualización: Flores-Mérida, Antony. Todos los/as autores/as han leído y aceptado la versión publicada del manuscrito: Flores Mérida, Antony; Ramos Rojas, Diego Noel y Martínez Mendoza, Sarelly.
Financiación: Esta investigación no contó con financiamiento externo.
Antony Flores-Mérida
Universidad Nacional Autónoma de México
Becario en el Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM), en el Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM bajo la asesoría de la Dra. Natividad Gutiérrez Chong. Doctor en Ciencia Social por Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México (CES-COLMEX). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadores con el Nivel 1 y co-coordinador del Grupo de Trabajo “Estudios de (Des)Información” en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC).
Índice H: 5
Orcid ID: https://orcid.org/0000-0002-0573-1406
Google Scholar: https://scholar.google.com.mx/citations?user=3QEZRwoAAAAJ&hl=es
ResearchGate: https://www.researchgate.net/profile/Antony-Flores-Merida
Academia.edu: https://colmex.academia.edu/AntonyFloresM%C3%A9rida
Diego-Noel Ramos-Rojas
Universidad de Guadalajara
Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara. Maestro en Comunicación de la Ciencia y la Cultura por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadores con el Nivel 1 y de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC). Es autor de varios artículos y libros relacionados con las formas organizativas de los periodistas, la defensa de la libertad de expresión y los periodismos emergentes. Pertenece al Observatorio sobre Libertad de Expresión de la Universidad de Guadalajara en México y actualmente es vicepresidente de la Red Nacional por la Libertad de Expresión y contra la Violencia a Comunicadores.
diego.rrojas@academicos.udg.mx
Índice H: 8
Orcid ID: https://orcid.org/0000-0002-3541-7151
Google Scholar: https://scholar.google.com/citations?user=gadIHx8AAAAJ&hl=es
ResearchGate: https://www.researchgate.net/profile/Diego-Rojas-53
Academia.edu: https://guadalajara.academia.edu/diegoramos
Sarelly Martínez-Mendoza
Universidad Autónoma de Chiapas
Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Cursó la Licenciatura en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Es Profesor de Tiempo Completo por oposición desde 1991 en la Universidad Autónoma de Chiapas. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores e Investigadores con el Nivel 1. Miembro de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC). Fue presidente de la Red de Historiadores de la Prensa y el Periodismo en Iberoamérica, del 2021 a mediados de 2023. Fundó la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Autónoma de Chiapas en 1993; miembro del grupo de trabajo que creó la Maestría en Estudios Culturales y el Doctorado en Estudios Regionales en esa misma universidad.
Índice H: 10
Orcid ID: https://orcid.org/0000-0003-2133-5478
Google Scholar: https://scholar.google.com/citations?user=NE1VDwIAAAAJ&hl=es
ResearchGate: https://www.researchgate.net/profile/Sarelly-Martinez
Academia.edu: https://unach.academia.edu/SarellyMartinez
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[1] Becario en el Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM), en el Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM bajo la asesoría de la Dra. Natividad Gutiérrez Chong.
[2] Dado que los hashtags pueden cumplir distintas funciones, distinguirlos como productores de sentido y toma de posición de otros usos posibles puede ser relevante para describir y comprender las complejas discusiones que se producen en espacios sociodigitales. Para un estudio que ejemplifica este tipo de estrategia puede consultarse el trabajo de Flores Mérida (2022) sobre el caso de la movilización tras los terremotos en México del año 2017.
[3] La cadena de búsqueda, así como la lógica de descarga de datos de esta investigación se ha inspirado en el trabajo de Signa Lab (2022) y que abarca de diciembre de 2015 a febrero de 2022. A diferencia de este, además del periodo más amplio, se añadieron cinco combinaciones de palabras con el objetivo de reducir la pérdida de observaciones.
[4] Véase repositorios GitHub: readr - https://github.com/tidyverse/readr; dplyr - https://github.com/tidyverse/dplyr